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miércoles, 11 de noviembre de 2015

Agustín Céliz, el altagraciense que lleva el trail en su sangre

En una conversación a fondo, exploramos acerca de la vida y de la meteórica carrera de este ultramaratonista de tan solo 21 años de edad.




Cae la tarde del lunes, y acá, en Alta Gracia, la gente comienza a ocupar la pista de atletismo de la ciudad, punto de encuentro de muchos deportistas de la zona. Pero, en este 2 de noviembre, en particular, solo nos encontramos interesados por un personaje de esta localidad serrana: Agustín Céliz, corredor de montaña.
Son casi las 8 de la noche cuando lo vemos llegar desde lejos en su bicicleta. Se presenta como una fiel imagen de lo que sabemos sobre él: muy simple, para nada ostentoso, apasionado por su disciplina, enérgico y con buena predisposición. Y, de esta manera, nos ubicamos apartados de la pista, aunque con ella sirviéndonos de fondo (y de inspiración) para iniciar la conversación.


Running en Córdoba: Bienvenido, Agus, primero que nada, gracias por regalarnos un poco de tu tiempo y permitir que la gente te conozca por esta vía. Ahora, sería muy fácil enumerar muchos de tus logros, pero queremos arrancar contándole al lector quién es Agustín Céliz. Comencemos hablando de tu familia, ¿cómo está compuesta?

Agustín Céliz: Nací en Alta Gracia, y siempre he vivido en la misma casa con mi familia. En total somos 6: mis papás y mis tres hermanos, Iván, Anabel y Federico, incluido yo, al último. En este momento, el único de los cuatro que sigue viviendo junto a mis padres soy yo.

ReC: Por lo enérgico que siempre te vemos, imaginamos que ya de chico eras así. ¿Cómo fue tu infancia? ¿A qué colegio fuiste? ¿Cómo te divertías en aquel entonces?

A.C.: La primaria la hice en la Escuela Manuel Solares, en el centro, pero mi casa está en Barrio Liniers, a 50 metros del Arroyo, lo que hizo que mi vida de niño fuese muy activa. Mi “patio” de juego se encontraba puramente en el entorno natural, alrededor del agua; barro y piedras hacían de juguetes para mí. También, junto a mis hermanos, nos divertíamos con las chozas armadas por nosotros y con otros elementos que utilizábamos para jugar.

ReC: Nuestras sospechas sobre vos eran ciertas, entonces (risas). Sin embargo, el secundario es un mundo completamente distinto que el primario. ¿Cómo te llevabas con el estudio? Además, ¿a qué colegio fuiste? ¿Tenés alguna anécdota divertida que te gustaría compartir?

A.C.: El colegio secundario lo hice en el Instituto El Obraje, en la especialidad de Construcción. En el estudio nunca me destaqué, tal vez porque no era mi fuerte, pero nunca tuve complicaciones respecto a eso. Ahora, las clases de Educación Física eran la gloria. Corría a más no poder, hacía todas las consignas, era, sin dudas, mi clase favorita. Ya me había hecho amigo de todos los profesores (sonríe). ¿Alguna anécdota graciosa? A mis compañeras no les gustaban las clases de Educación Física. En el último año del secundario, yo le pedía al profesor que me dejara indicarles a mis compañeros algunos ejercicios o, por lo menos, guiar la entrada en calor. Claro que, al final de cada clase, las chicas me terminaban odiando porque las hacía sufrir mucho.

ReC: Definitivamente, ya en aquel entonces se perfilaba un atleta en vos, aunque no sé si estabas consciente de eso. ¿Te acordás cuándo fue que te comenzó a gustar el deporte en general? ¿Qué practicabas antes de comenzar a correr?

A.C.: Durante la secundaria comencé a interesarme por el deporte. Mis primeros entrenamientos 
fueron en natación; desde los 15 hasta los 18 años entrené muy duro. Me encantaba nadar, así como disfrutaba yendo al gimnasio. Sin dudas, sentía pasión por el rendimiento deportivo. Tanto impacto ha tenido el deporte en mi vida que, apenas terminé el colegio, en el año 2012, comencé a estudiar el Profesorado en Educación Física.

ReC: Nos acercamos al momento en tu vida que te llevó hacia los caminos del running y, más específicamente, de tu actividad, el trail running. ¿Nos contás, entonces, cómo llegaste a ese punto?

A.C.: Siempre me gustó correr; salía, aunque al principio solo por poco tiempo,  por la zona del Parque García Lorca. Sin embargo, mientras en el verano de 2013 me tocó trabajar de guardavidas en una pileta de la ciudad, conocí a Rupert, hoy, uno de mis grandes amigos. En ese entonces, él me contó sobre las carreras de montaña que solía hacer, acerca de cómo recorría por horas y horas, y eso fue algo que me llamó fuertemente la atención. Tanto interés despertaron esos relatos en mí que decidí que era algo que yo quería hacer, sin duda alguna. Al poco tiempo, comencé a entrenar con él, y fui aprendiendo no solo técnicas de carrera y aspectos físicos, sino acerca de la dinámica de ese tipo de competencias, sus distancias y tipos de preparación para cada una.
Finalmente, sentí que estaba listo para mi primera carrera y me anoté en la edición de ese año de la competencia de montaña que se realiza todos los abriles en la localidad de Los Molinos. Sin exagerar, mi debut en el trail fue una experiencia única e inolvidable.

ReC: Creo que, a esta altura de la entrevista, al lector, sin importar prefiera la calle o la montaña para correr, lo colmaste de intriga sobre tu debut. Por favor, sentite libre de ampliar todo acerca de esta experiencia, la cual describiste como “única e inolvidable”.

A.C.: La carrera de Los Molinos 2013 tenía 2 categorías, de 21 y 10K. Sin demasiada experiencia, yo llegué al día de la competencia con el simple objetivo de completar los 10K. Ya en la previa me sentía deslumbrado por lo que se estaba por vivir: la cantidad de gente que había venido de todas partes a competir; las personas de Alta Gracia que encontré y que solo conocía por nombre o de vista, los saludos, fotos, las familias que acompañaban, etcétera. Para el momento en el que nos llamaron hacia el arco de largada, juro que el corazón se me salía del pecho. Comenzaba la cuenta regresiva y mis piernas temblaban, un poco de nervios y otro de emoción, hasta que, finalmente, largamos.
Los primeros metros los recorrí en un ritmo muy tranquilo, disfrutando de los aplausos y de los saludos de amigos y familiares que inundaban de alegría el comienzo de la carrera. Avanzaban los kilómetros, y cuando fueron apareciendo las primeras subidas, yo veía de lejos a los punteros, lo que realmente no me preocupaba, pues mi meta había sido siempre el venir a disfrutar. Si bien los minutos continuaron su marcha, la verdad no me sentía cansado, y, es más, me parecía que estaba corriendo a un ritmo muy suave. En ese momento decidí aumentar la velocidad hasta donde todavía me sintiera cómodo. Sucedió que, llegando a los últimos metros de competencia, comienzo a escuchar música fuerte, vitoreos y la voz del locutor que decía: “aquí va llegando el 3º de los 10K”. Increíble pero real, en mi debut logré conseguir un tercer puesto entre los tantísimos competidores que fueron partícipes de aquella hermosa carrera, ¡un excelente pie para mis próximas competencias! Por eso hablaba en serio cuando dije que fue inolvidable, pues conseguí entrar al podio y colgarme una medalla el día en que me inicié en esta actividad.

ReC: Si bien conocíamos de este logro antes de hablar con vos, la historia realmente nos impactó. Y calculo que a más de un interesado lector también. Ahora bien, como en la vida se aprende tanto de aciertos como de errores, se podría decir que es obligatorio que te preguntemos sobre alguna mala experiencia en carrera que quieras compartir con nosotros.

A.C.: En mayo de este año fue donde tuve un episodio para olvidar completamente. Me había inscripto en una carrera de 65 Km., la cual se dividía en 3 etapas que se corrían por día; en el primero, 21 Km., en el segundo 26 Km., y en el último, 10 Km. Una competencia de esta magnitud requería de una preparación física y psicológica que, quizá, no fui capaz de lograr. En el día 1, faltando tan solo 5 Km. para alcanzar la meta, me lesioné la rodilla izquierda; lo que provocó que tuviera que aguantar el dolor hasta el final del tramo. Al día siguiente, esa lesión aún me pasaba factura y me vi obligado a largar con dolor. ¿El resultado? Solo pude correr 100 metros y tuve que caminar 26 Km. rengo, lo que, encima de todo, empeoró la condición de mi rodilla por todo el mal esfuerzo que le hice realizar. Al último día lo atravesé estando muy triste y adolorido, y, lo irreversible de la situación hizo que tuviera que completar los últimos 10 Km. a pie. 2 horas y 30 minutos me llevó para cerrar la última etapa, lo que me dejó último entre 1700 corredores. Esta carrera dejó una huella muy profunda en mí, pues representó un antes y un después en mi vida. Fue una experiencia tan fuerte que redefinió la valoración de muchas cosas para mí, desde lo más complejo que podía imaginar hasta actos tan simples como poder decir un “te quiero” a un ser querido.

ReC: La verdad es que estamos descubriendo el luchador incansable que sos. Porque, a pesar de tu corta edad, has desarrollado una larga carrera y, eso queda demostrado en la lección de madurez que tu respuesta previa nos concedió. Y, ya que pudimos sortear la pregunta sobre un –podría decirse- fracaso en tu vida, contanos de un verdadero éxito personal y profesional: Raid Mountain.

A.C.: Bueno, Raid surgió de las ideas de unos amigos que están en el ámbito del trail running para organizar una carrera. Luego de un tiempo de hacer bocetos constantes en mi cabeza, a escondidas creé nombre y  logo para el proyecto, y cuando ya tenía una organización más o menos seria diagramada, lo presenté ante mis amigos, quienes quedaron muy satisfechos y con muchas expectativas. Cerca de mayo del año pasado arranqué con los preparativos para la organización de la primera carrera. No voy a mentir, con tan solo 21 años, nadie creía en mí; me consideraban como alguien sin trayectoria ni reconocimiento, pero la clave fue nunca dejar que eso me afectara, pues yo sabía que tenía mucho para aportar. Y, habiendo tenido eso en mente fue que, luego de varios meses llegó el día de la carrera. Afortunadamente salió todo como esperábamos, sin sobresaltos; nos terminamos llevando las felicitaciones de algunos corredores y hasta amigos nuevos. Quiero destacar en este punto que la mayor alegría que tuve en todo ese esfuerzo de la organización me la llevé con el ganador de la prueba de 30K, Daniel Estefania. Para los que no lo conocen, Dani fue un corredor experto y profe de muchos corredores de montaña, a quien tuvimos la tristeza de haber perdido meses más tarde de la carrera, pero que, dejó una huella profunda en el corazón de todos sus alumnos y de todos aquellos que estuvieron a su alrededor. La verdad, el apoyo incondicional de esta increíble persona en el debut de Raid Mountain fue fundamental para que este proyecto sea una realidad entre los corredores de trail.

ReC: Fuertes palabras, fuertes de verdad. El recuerdo de este querido corredor quedó marcado dentro de la escuela del trail running de la Provincia. Sinceramente, ha sido un placer conversar con vos y darle al lector una imagen de lo que el simple y enérgico Agustín Céliz es. Para ir cerrando, ¿nos contás un poco sobre tus planes a futuro? Y, si tenés alguna reflexión o pensamiento final para compartir con nosotros, sepas compartirlo con nosotros y tus lectores.

A.C.: ¿Mis planes a futuro? A nivel personal, deseo poder entrenar al máximo de mi rendimiento este año que viene, y dedicarle el tiempo que no le estoy dando (suspira y luego sonríe) como debe ser a los estudios. Pero más que ninguna otra cosa, deseo seguir disfrutando de los momentos con mis seres queridos, mi familia, mi novia, mis amigos y compañeros de trail, siempre pensando en la felicidad para ellos y en mi vida con ellos.
También les agradezco la buena onda y el buen trato que tuvieron conmigo; admito que pensé que esto iba a ser raro pero, por suerte, no lo fue para nada (ríe). Y sí quiero compartir con ustedes y los lectores un pensamiento.

ReC: Por supuesto…

A.C.: Las palabras que más me marcaron, las cuales llevo grabadas en la mente y tengo presentes en todo lo que hago pertenecen a una frase de mi amigo Dani Estefania, que siempre decía: “caer está permitido, levantarse es obligatorio”. Disfruten de la vida y de cada momento y no dejen de soñar nunca, ya que los que se atreven a soñar son aquellos que hacen historia.
Así, un poco entre emocionado y alegre, pero siempre guardando esa cuota de humildad que lo caracteriza, Agustín nos saluda y emprende el regreso en bici a su casa de Barrio Liniers. Apenas cinco minutos pasaron desde las 10 de la noche, y la pista está llena de deportistas.
No es la noche más indicada para entrenar, llueve intermitentemente y el viento no ayuda, pero a ellos no parece importarles. Todos poseen una chispa interna que los hace una pizca diferentes de los demás; sienten el running como una verdadera pasión, y eso es todo lo que necesitan para seguir adelante.
Y allá, entre ellos, desaparece rápido la figura de Agustín. Absolutamente mezclado, como si fuera uno más entre la multitud. Saluda a una, y luego a otra persona. Está claro que la fama no es un anhelo para él, le parece superficial. Solo quiere llegar a casa, estar en contacto con sus seres queridos, descansar y mañana retomar el entrenamiento.
Su objetivo, además de simple, es noble: ser cada día mejor. Y el día de hoy, puede ser que no sea tan conocido como creemos que alguien tan notable se merece serlo. Por supuesto que presentimos que el tiempo y sus logros lo posicionarán en lugar privilegiado dentro del ámbito del running local. Pero, si hay algo que sí damos por sentado, es que él solo se conformará con correr. Y ser feliz.
Aquí posando junto a sus compañeros de Raid Mountain.


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