Córdoba, 4 de octubre de 2015
10K Maipú Chevrolet: diez mil metros desde los ojos de dos corredores (no tan) amateur
Mes: Octubre. Día: 3. Cualquier persona asociaría una fecha semejante a un día primaveral, a puro sol y con temperaturas agradables. Sin embargo, las condiciones climáticas contaban con otros planes para ese fin de semana. Otros hubieran optado por quedarse en la comodidad de sus hogares, disfrutando de un plácido sueño, o de un desayuno en familia, compartiendo bebidas calientes con sus seres queridos. Pero queda claro que los corredores no son personas ordinarias.
Es decir, aparentan serlo, con trabajos corrientes, familias tipo, amigos como los que uno posee. No obstante, todos ellos poseen una característica en común; una especie de cromosoma extra. Ese “gen de la locura” (como le dice un compañero de pista), que lleva a los corredores a todos lados, sin importarles las condiciones que les vayan a deparar, es lo que explica los casi 800 competidores y acompañantes que dijeron presente para disfrutar
del evento el pasado sábado.
Un frío despertar
La temperatura era de 6 grados, aunque, por el viento que soplaba perseverante desde el sur, la sensación térmica se hallaba debajo de esa marca. Aún abrigados, sabíamos que la entrada en calor sería vital para una buena largada y el posterior rendimiento en carrera.
A eso de las 9:20 era temprano todavía, pero ya se había reunido bastante gente en los alrededores del túnel de largada; corredores iban llegando con sus familias, algunos calentaban, otros recorrían el lugar, mientras que se mantenía una fila constante entre los que se iban inscribiendo para la categoría participativa de 4K.
Diez minutos después, ya con la ropa de competición equipada y con el número de corredor adosado a nuestras remeras, mi compañero y yo comenzamos el calentamiento.
Para ello, dispusimos un trote suave, recorriendo las calles hacia el interior del barrio, intercambiando miradas (y hasta saludos) con los curiosos que, para ese entonces, se dirigían en búsqueda del diario, o limpiaban su auto o casa.
La organización de la carrera es un tema recurrente entre los runners, generalmente, con más críticas que alabanzas, debido a la naturaleza de estos eventos. Calentamiento, largada, señalización, recorrido, e hidratación son los términos más sensibles en este aspecto. Afortunadamente, y como describiré, en todas etapas del evento, la logística de esta carrera fue excelente. Su director deportivo hizo un gran trabajo, y todo resultó sin ningún sobresalto.
Dado lo acertado de la organización, tal como se acaba de mencionar, a las 9:45, mientras realizábamos los estiramientos finales para largar, se anunció que se haría una breve entrada en calor aeróbica (una tradición en todas las carreras, dirigida más que nada hacia los corredores principiantes y/o eventuales), y que 10 en punto sería la largada.
Mi compañero y yo, entonces, nos dispusimos en la línea de largada, dejando todas nuestras pertenencias y saludos a nuestros acompañantes, y aguardamos (in)tranquilos el momento de la largada. Habíamos realizado el calentamiento adecuadamente, pero para combatir al siempre presente frío, nos mantuvimos en movimiento unos instantes, y, luego de preparar sendos relojes con GPS, el visor grande marcó las 10 en punto, y allí fue cuando comenzó la carrera.
Primeros tramos
Para quienes habían venido a acompañar y a disfrutar del evento, sus seres queridos se difuminaron en una marea verde que se extendía por cientos de metros hacia Sagrada Familia. La larga fila de competidores era encabezada por el catamarqueño Fabricius, un habitual de las carreras en nuestra provincia, y sus escoltas cordobeses Burgos y Presti, quienes disputaron el podio casi toda la jornada.
Apenas transcurridos unos metros, ingresamos a la bajada de calle Sagrada Familia divisando hacia lo lejos a los primeros. El resto de los casi 800 competidores fueron ubicándose por ritmo: profesionales y semi profesionales bien adelante, amateurs con todo grado de entrenamiento luego y gente común, como competidores eventuales, primerizos y corredores con sus familias, completaban la fila hacia el final.
Mi compañero y yo, en esta primera etapa, nos encontrábamos prácticamente hacia el final de la multitud. El posicionamiento en la largada es un tema muy particular de cada corredor, pues depende de su plan de carrera; en nuestro caso, preferimos arrancar desde atrás, pues nos sienta mejor la menor concentración de competidores aguerridos que se encuentra en las zonas de adelante.
Cerca de las 10:15 de la mañana, la zona de Parque de las Naciones y Costanera presenció en sus puertas una jornada distinta. Cientos de runners fueron pasando por sus puertas, devolviendo los saludos de la siempre amable gente de barrio que les da aliento al verlos.
Unos minutos más tarde, mi compañero de ruta y yo emprendimos la bajada hacia Costanera, en donde se desarrollaría la etapa más prolongada de la carrera. Entramos al segundo tramo, entonces, manteniendo un ritmo aún tranquilo, aventajando a quienes comenzaban a relegarse en la competencia.
Costanera: ida y vuelta
Desde el auge del running en la ciudad, la Costanera es uno de los escenarios preferidos por los organizadores de carreras, por su largo y llano recorrido. Veinticinco minutos habían pasado de las diez de la mañana cuando comenzamos a transitar esta etapa, la más larga de la competencia.
El tramo de ida por esta larga avenida concluía en el Puente Cantón, en donde emprendía el regreso. Conscientes del largo trecho que todavía nos aguardaba, mi compañero y yo establecimos un ritmo crucero, cómodo pero ya según nuestro plan de carrera y continuamos abriéndonos paso entre los competidores.
Unos minutos después, el tiempo nos jugó una buena pasada y un tímido sol se asomó por entre las nubes, quienes luchaban para mantenerlo oculto. Afortunadamente, hacia la mitad de la carrera, los corredores nos vimos abrigados por algunos rayos de sol, los cuales nos dieron aún más impulso para seguir adelante.
Pasada la mitad de este tramo de ida, una ola de aplausos y arengas se iba propagando desde adelante hacia atrás. Y allí fue donde vimos a los tres primeros emprender la vuelta, escoltados por un grupo de otros profesionales, los cuales venían marcando excelentes registros.
Unos instantes después arribamos al Puente Cantón, en donde emprendimos el camino de vuelta. A la salida del puente, divisamos a los voluntarios de los puestos de hidratación, quienes amablemente y de forma muy eficaz nos proveyeron con agua fresca.
Este puesto de hidratación marcaba el kilómetro 6, lo que significaba que restaban 3 kilómetros sobre Costanera y 1 del tramo final para concluir. Allí fue donde incrementamos el ritmo progresivamente, controlando el pulso con la respiración y, a su vez, aumentamos la zancada (el largo de los pasos), siempre sujetándonos a nuestro plan de carrera.
La vuelta por Costanera fue mucho más rápida, pues mi compañero y yo mantuvimos una velocidad de moderada a fuerte pero sobre todo constante, lo que hizo ese largo trecho mucho más ameno a las piernas, y nos permitió ir equiparándonos con quienes mantenían ritmos similares al que llevábamos.
Cuesta final
La gran marea verde, en ese momento devenida en una larga sucesión de competidores, entró en la zona de Sagrada Familia, cercana al Parque de las Naciones, hacia las 10:45. Para ese entonces, atravesamos los primeros momentos en bajada elevando el ritmo aún más, pidiéndole a nuestras piernas el último esfuerzo antes del final.
Sin embargo, no sabíamos que estábamos por enfrentar un imprevisto a continuación. Fallamos en recordar que los 800 metros de bajada al comienzo luego se convertirían en 800 rigurosos metros de cuesta final. Tuvimos, entonces, que decidir para resolver esta situación.
La fuerte inclinación de esa subida, combinada con el ángulo en que el sol nos alumbraba y el gran cansancio final que llevábamos nos llevó a actuar según la respuesta de nuestro cuerpo. En mi caso, aumenté el ritmo al máximo y le exigí a mis piernas una gran labor extra. Mi compañero, en cambio, decidió bajar el ritmo, entendiendo cuál era su límite de exigencia.
Felizmente, el gran obstáculo llegó a su fin, y atravesé la línea de llegada, registrando un tiempo de 49m15s, seguido por mi compañero un par de segundos después. No obtuvimos una medalla por ser los primeros, pero fue un premio al carácter y a la perseverancia, los 10.000 metros eran un desafío dejado atrás.
Premiación y final del evento
Desde nuestro arribo a la línea de meta, continuaron llegando corredores durante varios minutos a completar el reto y reunirse con sus seres queridos. La organización aguardó, cortésmente, hasta la llegada de la última competidora; una mujer, quien completó el recorrido en una hora y media, aproximadamente.
Mientras continuaban llegando competidores y se aguardaba la premiación, todo aquel que había concluido tuvo a su disposición los puestos de hidratación y reposición de minerales: los 800 pudimos acceder a bebidas isotónicas y a diversos licuados y chocolatadas, además de poder consumir frutas y paquetes cerrados de frutos secos.
Pasadas las 11:45, la organización comenzó con la premiación de las diversas categorías, otorgando premios en efectivo de $3000, $2000 y $1000 a los primeros, segundos y terceros, respectivamente.
Con un excepcional tiempo de 29m43s, el ganador de los 10K fue el catamarqueño Fabricius, escoltado por los cordobeses Burgos (30m04s) y Presti (30m28s). En el caso de las mujeres, el galardón máximo se lo llevó la atleta olímpica oriunda de Carlos Paz, Rosa Godoy, quien registró una marca de 35m19s, seguida por las cordobesas Laconi y Marchisio (36m52s y 37m46s, respectivamente).
Mientras tanto, la competencia de 4k fue dominada por dos atletas cordobeses especialistas en carreras cortas. Maldonado se quedó con esta distancia, marcando un tiempo de 12m14s, seguido por su compañero Gómez (12m21s). Al podio de la categoría participativa lo completó el catamarqueño Rodríguez, con un tiempo de 12m59s.
Pasadas las 12:30 de aquel fresco sábado, el cielo comenzó a cerrarse nuevamente. El sol había vuelto a esconderse detrás de la gruesa capa de nubes, sentenciando una bellísima jornada. La mayoría de los runners había emprendido el regreso a su casa, en auto o a pie.
Este deporte es así de agradecido, y es por eso que cada día hay más gente que lo elige. Y pasando la una de la tarde, mi compañero y yo comenzamos el regreso a nuestros hogares, para disfrutar de este nuevo logro junto a nuestros seres queridos, y con crecientes ansias de enfrentar nuestra próxima carrera.





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